martes, 27 de marzo de 2007

Cuentitos infantiles ( se acaba...)

Y si. Todo lo que tiene un principio, tiene un final. Y esta obra no es la excepción.
Este es el último capítulo de esta apasionante (y cuando digo apasionante quiero decir "larga, incoherente, y patética") historia.
Y es lamentable ya que, gracias a ella, he logrado el reconocimiento público, y uno se acostumbra muy rápido al afecto de la gente por la calle, a los gritos de aliento, los saludos cordiales y a esos apodos cariñosos como "atorrante", "nabo", "horrible" y demás.
"¿No te da vergüenza atorrante?" me grito un señor el otro día.
Y no, le respondería yo, no me da vergüenza escribir un éxito. Me llena de placer.
"¡¡Sos horrible flaco!!" exclamó una señora desde la vereda de enfrente, al tiempo que me arrojaba una naranja.
Y si, puede ser. Con esto de escribir tanto he descuidado mi alimentación, y he perdido peso. Pero la gente se preocupa por mi salud, y me lo hace ver de esa afectuosa manera, alcanzándome alimentos.
"¡¡No escribas mas que das asco!!" alcancé a escuchar desde un automovil que me pasó finito, pisando un charco y llenándome de salpicaduras de lodo.
Seguramente lo que el señor quiso decir es que mejor que deje de escribir un poco, para darle la oportunidad de dar a conocer sus obras a otros autores. Seguro que lo que dijo fue "das cátedra", pero yo escuché "das asco" por el barro que se me habia metido en la oreja. Es que suenan parecido.
En fin; así está la cosa. Esto termina hoy.
Lo siento, pero algún día se iba a acabar. Por favor no se pongan melodramáticos y llorones.
No prometo nada, pero puede que en algún momento retome esta nueva vocación de escribir cuentos, ya que como autor, me debo enteramente a mi público, de la misma manera que como usuario me debo a la compañía de luz, a la de gas, al cable, a la telefónica, y demás chupasangres usureros que insisten con eso de que debo darles dinero a cambio de sus intangibles servicios. (Como se abusa alguna gente, por favor.)
En el caso de que esta vez sí haya alli algun nuevo lector (algo que dudo muy seriamente), y dado que hoy me levanté mas bueno y comprensivo que de costumbre, aquí dejo los links a las primeras partes: Capítulo I, Capítulo II. (La segunda es medio al gas ya que está acá abajo nomás, pero es que cuando estoy bueno no tengo límites).

Y concluye de esta forma (hagan silencio y apaguen los celulares):

- ¿¿Qué significa esto?? – increpa la vieja, turbada ante la dantesca escena y abriendo los ojos como el dos de oro.
- ¡Te juro que esto no es lo que parece! – se ataja Ernesto, mientras hace equilibrio intentando ponerse los pantalones.
- Claaaaaaaaro. Ahora me negás, ¡después de lo que pasó entre nosotros!.– reclama el lobo que ya ni sabe quien es.
- ¡¡¡Ah nooooo!!! ¡¡¡Pero vos sos un hijo de puta!!! – grita la abuela ofendida.
- No Chochita, dejame que te explique … - dice el leñador mientras recula – Te juro que no me di cuenta, me confundí, fue un error …
- ¡¡Ah bueeeeno!! … ¿¿Así que ahora soy un error?? ¡¡¡Sos una basura Ernesto!!! – dice el lobo, antes de ponerse a llorar de nuevo a los gritos tirado en la cama.
- ¡¡Sos un cretino!! ¡¡Yo te corto los huevos!! – amenaza la despechada abuelita, cogoteando en busca de algo con filo.
- ¡¡¡No Chocha, esperá … no hagas una locura!!! – grita Ernesto sintiendo un vértigo en la entrepierna.

En ese momento alguien golpea la puerta. Todos hacen silencio.
La vieja se pone una bata (gracias a Dios) y contesta por el portero eléctrico.

- ¿Quién eeees? – pregunta la vieja con voz temblorosa.
- Soy yo. Tu nieta. Abrí. – responde Capita de mala manera.
- ¡¡Es Capita!! – dice sobresaltada la abuela.
- ¡¡Escapemos!! – dice el leñador.
- ¡¡Escarapela!! – dice el lobo dando un saltito, pensando que estaban jugando a formar palabras que empezaban con "esca".
- Abrime que me estoy meando – grita Capita siempre tan fina.
- Si, si... Ya te abro querida – responde la abuela medio nerviosa.
- Bueno, yo me voy yendo eh. Te llamo Chochita – dice el leñador haciéndose bien el sota y voleando una pata por una ventana.
- Claro, andate así nomás. Ni un beso, ni una flor … Nada … Total … – gime el lobo haciendo pucheros y ya poniéndose medio pesadito.
- ¡¡Vos no te vas a ningúna lado infeliz!! - lo ataja la abuela – Ahora despacho a mi nieta enseguida y vamos a arreglar esto.

La vieja se arregla un poco los escasos pelos que tiene, se acomoda mas o menos la bata y abre la puerta poniendo su mejor cara de pelotuda.

- ¿Qué hashé veterana? Tomá. Acá mi vieja te manda muñuelo y bola de fraile – encara la horrible niña.
- Aaaahhhh, ¡¡Pero que amablesss!! Bueno. Gracias. Chau querida. Saludos a tu mami – dice la vieja entrecerrando la puerta con claras intenciones de dejarla afuera.
- ¡¡Eeehhh pará vieja loca!! ¿Qué hacés? ¿No escuchaste que te dije que me estaba meando? Dejame pasar que me tengo que echar un cloro – dice Capita.
- N-no, es que … ¿Sabés que pasa? Se me tapó el inodoro ¿Viste? Y, y … Esteeemm … Y es un desastre ¿Viste? – miente la vieja.
- ¡¡Pero yo me estoy meando!! – dice la niña entrecruzando con fuerza sus velludas piernas.
- Y bueno, n-no se … Andá allá atrás de las plantas. ¿Qué sos fina ahora? – increpa la anciana.
- Pero, pero … ¡¡Ta bien!! ¡¡Metete tu baño en el orrr…!! – rezonga Capita mientras corre presurosa y dando pasitos cortitos hacia los arbustos del bosque.

La vieja cierra la puerta y encara al leñador y al lobo, que siguen discutiendo bajito sentados en la cama.

Lobo (sollozando de brazos cruzados y dándole la espalda): Sos igual a todos …
Ernesto: No, te juro que no … No te quise hacer daño … Estaba borracho … Entendeme …
Lobo (puchereando): Si, si, claro … Siempre hay una excusa … Y "la tonta" siempre tiene que comprender todo ¿no? … Claro … Siempre es así …
Ernesto (con la voz quebrada): Perdoname… Estaba confundido … No va a volver a pasar...

- ¿¿¡¿¡¿¡Pero que carajo le tenés que andar dando explicaciones a él Ernesto??!?!?! ¿¿Qué te pasa?? – interrumpe la anciana.
- N-no, no se, me da pena verlo así – dice el sensible leñador.
- ¿¿¿Pena??? ¿¿¿¿PENA???? ¡JA! Ahora resulta que estás conmigo por ¿¿¿PENA??? ¿Cuánto mas me vas a lastimar Ernesto? Decime por favor, a ver ¿¡Cuánto mas!? – grita el lobo re dramático y ya muy trolo.
- No… perdoname … No fue lo que quise decir – dice el leñador, que no deja de meter la pata.
- ¿Y a mi caradura? ¿A mi no me vas a pedir perdón? – increpa la vieja.
Si, si … Perdoname vos también Chochi … Perdoname – repite el buen hombre.
- Esto no puede seguir así Ernesto. Decidite. Es ella o yo – dice el lobo completamente desubicado.
-¿¿¿Y quien carajo sos vos para darle a elegir? ¿Qué mierda te pasa??? – le chilla la vieja medio sacada.

El lobo la mira en silencio y haciendo trompita.
El leñador mira al lobo y mira a la vieja. Mira al lobo. Mira a la vieja. Piensa. Mira al lobo. Piensa. Mira a la vieja.

- ¡¡Ah nooooooo. No me digas que encima hasta tenés el tupé de pensarlo!! – grita la anciana.
- No, no … Claro que no – dice el leñador. Baja la vista, y toma a la anciana de la mano.
- Está bien. Entiendo... – dice el lobo con la voz entrecortada – Está muy claro que aquí hay alguien que está de mas, y esa... soy yo.

Intentando disimular sus lágrimas y conservar la poquísima dignidad que le queda sana, el derrotado animal decide partir.
Coloca algunos conjuntos de lencería, un par de zapatos de taco aguja, maquillajes, y un secador de pelo en una cartera y se dirige cabizbajo hacia la puerta.

- ¿Qué hacés? ¡Esas cosas son mías! – reclama la abuela.
- ¡¡¡Pero por favorrr!!! Ya me quitaste al amor de mi vida, ¡¡Y ahora además te preocupás por estas pequeñeces!!. ¿Por qué me odiás tanto Ofelia? ¿¿Por qué?? – dice el lobo sollozando novelescamente.
- ¿Qué? ¡¿¡¿Pero que te pasa loco de mierda?!?! – contesta la sorprendida vieja.
- ¡¡¡Nosotras éramos como hermanas Ofelia!!! ¡¡¡Como hermanas!!! – continúa el lobo a los gritos, entre mocos y llanto.
- ¿¿¿¿Queeé???? Pe-pe-pero... ¡¡¡Estás completamente desquiciado!!! – exclama la nona mirándolo de arriba abajo con cara de no entender un comino.
- Dejá … Dejalo así … Ya está … Ganaste … Espero que estés feliz. Algún día Ofelia … Algún día … – dice el lobo mientras abre la puerta.

En el preciso instante en que el lobo abre la puerta, se encuentra cara a cara con Capita que volvía de hacer sus necesidades, secándose las manos con la falda de su vestido.

- ¿Qué hacé vo' acá? – pregunta la niña, manoteando inmediatamente su arma.
- Nada. Ya me voy. – dice el lobo emocionado, mientras dirige una última mirada al leñador que está de pie junto a la abuela, en silencio – Adiós para siempre....

Ante la atenta y callada mirada de todos, el entristecido animal camina lentamente hacia su ciclomotor, arrastrando las patas y ya sin poder contener el llanto.
Muy lentamente se coloca sus guantes y el casco, y se monta.
Inmediatamente en su rostro se dibuja un gesto de profundo dolor, y de sus entrañas surge un agónico gemido.
Se baja, y decide irse caminando, ya que le resulta imposible sentarse por obvias razones.
La tarde va cayendo en el bosque, una suave brisa hace danzar algunas hojas secas por el aire, y de fondo suena un tema triste de Evanescense.
De repente, un grito rompe el silecncio.

- ¡¡NO!! ¡¡¡ESPERÁ!!! – exclama el leñador con sus ojos enrojecidos, y echándose a correr.
- ¡¡¡¡¡¡ERNESTO!!!!!! – grita la abuela sorprendida.
- ¡¡¡¡A la marosca!!!! – dice Capita re-moderna.

El leñador llega donde el lobo. Ambos se miran en silencio, diciéndose todo con la mirada. Se sonríen, con un dejo de timidez. Se abrazan.
El leñador seca suavemente una lágrima de la mejilla del lobo.
Se toman de las manos y se marchan juntos, hacia la puesta del sol.

- Uuuuhhh. ¡¡¡Tu novio es puto abuela!!! – comenta Capita, muy oportunamente.
- No … no … No puede ser … Ernesto …. ¿Por qué? ¿Cómo? …. N-no puede ... – tartamudea la abandonada abuelita.
- ¡¡¡Que cagada eh!!! – dice Capita riendo a carcajadas, muy poco solidaria con su nona.

La abuela se queda mirando al horizonte en estado de shock, mientras las dos figuras se desvanecen en la distancia.

- Bueno, ya fue veterana. ¿Qué le vas a hacer?. Vení. Vamos a tomarnos unos mates – dice Capita tomándola de un brazo y sin dejar de reír.

Ambas entran a la casa.
La abuela se sienta a la mesa sin emitir sonido, y con la mirada perdida en el vacío.
Capita pone la pava en el fuego, y prepara el mate. Busca su canastita y comienza a sacar los buñuelos y las bolas de fraile que su mamá le había mandado traer.
En ese momento comienza a reír nuevamente. Primero despacito. Después mas fuerte. Hasta que finalmente larga unas carcajadas bastante guarangas mientras golpea la mesa con la palma de la mano.

- ¿De que te reís? – reacciona mas o menos la abuela.
- No nada – dice Capita casi sin aliento por la risa – Que si sabía que iba a pasar esto, en lugar de muñuelos y bolas de fraile… ¡te traia unos buenos CUERNITOS!.

La abuela se pone a llorar desconsoladamente.
Capita rie desaforadamente agarrándose la panza.
De fondo suena la música de Calabromas.

Y colorín colorado, esta pelotudez atómica, por fin se ha terminado.

THE END

5 comentarios:

Caliope dijo...

Sublime don Renegado, SUBLIME.

Con final meloso (por el lobo) digno de walt disney... salvo por el culo roto, claro.

Esa Capita e´tremenda e..

Besos

Anónimo dijo...

Grande renegado! Gracias por las endorfinas gratis, me re contra cagué de risa, diría seguramente Capita...

Flopy dijo...

clap, clap, clap, clap.... (manos aplaudiendo) excelente, realmente, EXCELENTE!

Renegado dijo...

Calìope: Gracias. A veces me siento un poco Walt Disney. Sobre todo cuando el aire acondicionado está muy fuerte.

Besos.

Anónimo: Otro que recibe algo gratuitamente de este blog. Insisto en que estoy perdiendo plata.
Algo debo estar haciendo mal.
Igual muchas gracias por su comentario.

Flopy: Gracias, muchas gracias. Crrrraaack crunch crick (ruido de mi espalda crujiendo al inclinarme para saludar).

Besos.

Vontrier dijo...

Pucha. Llegué justo para el final.
Qué mala suerte.